Siete días de Oración en Santa Isabel

Sonia, acompañante de Kairós-El Salvador, nos remite la siguiente crónica:

“…Mira que estoy a la puerta llamando. Si uno escucha mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo…”, Y abrimos, entró en nuestra casa, cenó con nosotros y quedamos saciados.

El pasado 21 de enero, un grupo de adolescentes de los diferentes niveles de kairos El Salvador y tres de sus acompañantes, acudimos a la invitación que se nos hizo desde la parroquia de Santa Isabel, a su “Oración 24/7”.

Nada más llegar nos brindaron un espacio donde poder descalzarnos antes de entrar en la sala en la que se nos ofrecerían diferentes caminos para orar y encontrarnos con El Señor, y éste es un ejercicio que no siempre es fácil ni agradable, pues parece que descalzar nuestros pies es un poco como empezar a desnudarnos ante los demás, sin embargo, al atravesar la cortina rápidamente nos olvidamos del detalle y abrimos los ojos mirando a un lado y a otro.

Encontramos diferentes rincones, preparados con mimo y esmero, dispuestos a acoger por un ratito a nuestros cansados corazones y a trasportarnos hasta otro lugar donde poder descansar, descubrir, alabar, encontrar…

Comenzamos en comunidad en la sala de proyección donde un video musical nos sirvió para silenciarnos y para motivarnos, donde se nos recordó que estamos llamados a ser luz en la oscuridad y a brillar sin miedo.

Después, cada uno fue disfrutando de aquello que le pedía el corazón; Había medicinas para el alma que nos ofrecían unos prospectos para llevarse a casa cargados de vitaminas y remedios. Un espacio para encontrarse con María en el que podías dejar que te contara cosas de Jesús o rezar con ella un misterio del rosario y en el que te regalaban un decenario para poder repetirlo en cualquier momento y lugar. Un rincón de alabanza donde rezar a través de los salmos, donde la música estaba muy presente. La tienda del encuentro en la que tumbarse y disfrutar de la Palabra de Dios escrita en la Biblia. El rincón de la oración de intercesión en el que dejar aquella inquietud o necesidad para la que pedías ayuda. También tuvimos la oportunidad de hacernos como niños en el espacio pensado especialmente para ellos y rezar por los misioneros entre otros. Y dominando la sala, la mirada de Jesús en la que descansar, en la que poder encontrarse, con la que puedes entender, en la que dejarse acariciar… diferentes miradas que nos presentaban a un Jesús en diferentes situaciones y con distintos estados de ánimo, pero siempre misericordioso.

Él, nos vio a cada uno de los que estuvimos allí, y nosotros, lo vimos a Él. Lo dejamos pasar, lo acogimos en lo más íntimo de nuestro ser y lo dejamos salir a través de nuestra alabanza, de nuestra acción de gracias, de nuestra súplica, de los sentimientos que se plasmaron en el papel, de los nombres de nuestros seres queridos que quedaron en el rincón de intercesión, y por qué no, también a través de algún achuchón y alguna que otra lagrimilla.

Para los más jóvenes, nuestros adolescentes, esos que son nuestro motivo y que tan difícil se nos hace a veces seguir, fue una gran oportunidad de descubrir diferentes maneras de orar y sobre todo de sentirse queridos y acompañados.

Gracias a todos los que preparando, invitando y participando lo habéis hecho posible.

 

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